miércoles, 21 de noviembre de 2007

NOTICIAS DE JOSÉ MIGUEL DESDE COLOMBIA

JULIAN CARLOS:
Disculpa la demora en responder. Seguimos en contacto... Lo que pasa que aquí estamos cerrando el año escolar y andamos con faena. Para el 30 de noviembre acabamos clases. Luego, del 16 al 24 tenemos en nuestra parroquia y en el barrio pobre de La Paz -donde habitualmente trabajamos- la NOVENA DE NAVIDAD, que aquí se celebra de forma muy especial.

Gracias por las fotos del pueblo y, sobre todo, de mis padres. Muchas gracias. Ya veo que están viento en popa... Mejor que nunca.

Me parece estupendo el blog de la parroquia. Ahí te mando algunas fotos "en plena acción", por si sirve. Muchos saludos a todos y todas los/las calzadillanos/as. Se les recuerda con mucho aprecio. Unidos en la oración y en la solidaridad. Avísame si todo te llegó bien.
Un abrazo para ti.

JOSÉ MIGUEL CABALLERO, marista

martes, 20 de noviembre de 2007

La Medalla Milagrosa

La primera aparición de la Medalla Milagrosa tuvo lugar el 27 de Noviembre de 1830, un sábado víspera del primer domingo de Adviento, en París, justo en la capilla de la casa central de las Hijas de la Caridad, a una religiosa llamada Catalina Laboure. El padre Aladel, confesor de la vidente, fue quien insertó el relato en el proceso canónico siete años más tarde.

"A las cinco de la tarde, estando las Hijas de la Caridad haciendo oraciones, la Virgen Santísima se mostró a una hermana en un retablo de forma oval. La Reina de los cielos estaba de pie sobre el globo terráqueo, con vestido blanco y manto azul. Tenía en sus benditas manos unos como diamantes, de los cuales salían, en forma de hacecillos, rayos muy resplandecientes, que caían sobre la tierra... También vio en la parte superior del retablo escritas en caracteres de oro estas palabras: ¡Oh María sin pecado concebida!, rogad por nosotros que recurrimos a Vos. Las cuales palabras formaban un semicírculo que, pasando sobre la cabeza de la Virgen, terminaba a la altura de sus manos virginales. En esto volvióse el retablo, y en su reverso viose la letra M, sobre la cual había una cruz descansando sobre una barra, y debajo los corazones de Jesús y de María... Luego oyó estas palabras: Es preciso acuñar una medalla según este modelo; cuantos la llevaren puesta, teniendo aplicadas indulgencias, y devotamente rezaren esta súplica, alcanzarán especial protección de la madre de Dios. E inmediatamente desapareció la visión".

Esta visión se repitió algunas veces, durante la Misa y durante la oración, siempre en la rue du Bac, de París, cerca de la parada de "Metro" Sèvre-Babylone, detrás de los grandes almacenes "Au Bon Marché" donde está el edificio de las Hijas de la Caridad, en la capilla rectangular y sin estilo definido similar a las miles que existen en las casas religiosas.

¡Oh María sin pecado concebida!, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.

Santa Catalina

Nuestra Patrona

Catalina de Alejandría, virgen y mártir († s. IV)

La veneración de los restos de santa Catalina en el monte Sinaí y la celebridad del monasterio ortodoxo que lleva su nombre y que los guarda ha hecho que casi haya disminuido la figura del mismo Moisés. Se la venera tanto en Oriente como en Occidente. Los aficionados al saber la tienen como patrona.

Nada sabemos con certeza histórica del lugar y fecha de su nacimiento. La historia nos tiene velado el nombre de sus padres. Los datos de su muerte, según la "passio", son tardíos y están pletóricos de elementos espureos. Por esto, algún historiador ha llegado a pensar que quizá esta santa nunca haya existido. Así, Catalina de Alejandría sería un personaje aleccionador salido de la literatura para ilustrar la vida de los cristianos y estimularles en su fidelidad a la fe. De todos modos es seguro que la fantasía ha rellenado los huecos en el curso del tiempo.

Se la presenta como una joven de extremada belleza y aún mayor inteligencia. Perteneciente a una familia noble. Residente en Alejandría. Versada en los conocimientos filosóficos de la época y buscadora incansable de la verdad. Movida por la fe cristiana, se bautiza. Su vida está enmarcada en el siglo IV, cuando Maximino Daia se ha hecho Augusto del Imperio de Oriente. Sí, le ha tocado compartir el tiempo con este "hombre semibárbaro, fiera salvaje del Danubio, que habían soltado en las cultas ciudades del Oriente", según lo describe el padre Urbel, o, con términos de Lactancio, "el mundo para él era un juguete". Recrimina al emperador su conducta y lo enmudece con sus rectos razonamientos. Enfrentada con los sabios del imperio, descubre sus sofismas e incluso se convierten después de la dialéctica bizantina. Aparece como vencedora en la palestra de la razón y vencida por la fuerza de las armas en el martirio de rueda con cuchillas que llegan a saltar hiriendo a sus propios verdugos y por la espada que corta su cabeza de un tajo.

Sea lo que fuere en cuanto se refiere a la historia comprobable, lo cierto es que la figura de nuestra santa lleva en sí la impronta de lo recto y sublime que es dar la vida por la Verdad que con toda fortaleza se busca y una vez encontrada se posee firmemente hasta la muerte. Esto es lo que atestigua la tradición, la leyenda y el arte.

¡Que bien nos vendrían hoy unas cuantas Catalinas que sepan ser mártires por la Verdad que es lo mismo que ser de Él testigos!

jueves, 15 de noviembre de 2007

Benedicto XVI publicará una nueva encíclica antes de Navidad

El diario italiano La Repubblica reveló hoy que el Papa Benedicto XVI publicará su segunda encíclica. Ésta tratará sobre el tema de la esperanza cristiana y será publicada antes de la solemnidad de la Natividad del Señor, durante el tiempo litúrgico de Adviento.
El título provisional será "Spe Salvi" (Salvados por la esperanza) y estará inspirada en la carta de San Pablo a los romanos.
El Santo Padre quiere dirigirse con esta nueva encíclica al corazón de los cristianos e invitarles a tener esperanza, sin dejarse arrollar por el pesimismo.

Domingo de la 33ª semana de Tiempo Ordinario

Es la última visita de Jesús a Jerusalén. Algunos de los que lo acompañan se admiran al contemplar «la belleza del templo». Jesús, por el contrario, siente algo muy diferente. Sus ojos de profeta ven el templo de manera más profunda: en aquel lugar grandioso no se está acogiendo el reino de Dios. Por eso, Jesús lo da por acabado: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido».

De pronto, sus palabras han roto la insensibilidad y el autoengaño que se vive en el entorno del templo. Aquel edificio espléndido está alimentando una ilusión falsa de eternidad. Aquella manera de vivir la religión sin acoger la justicia de Dios ni escuchar el clamor de los que sufren es engañosa y perecedera: «todo aquello será destruido».

Las palabras de Jesús no nacen de la ira. Menos aún, del desprecio o el resentimiento. El mismo Lucas nos dice un poco antes que, al acercarse a Jerusalén y ver la ciudad, Jesús «se echó a llorar». Su llanto es profético. Los poderosos no lloran. El profeta de la compasión sí.
Jesús llora ante Jerusalén porque ama la ciudad más que nadie. Llora por una «religión vieja» que no se abre al reino de Dios. Sus lágrimas expresan su solidaridad con el sufrimiento de su pueblo, y, al mismo tiempo, su crítica radical a aquel sistema religioso que obstaculiza la visita de Dios: Jerusalén (¡la ciudad de la paz!) «no conoce lo que conduce a la paz» porque «está oculto a sus ojos».

La actuación de Jesús arroja no poca luz sobre la situación actual. A veces, en tiempos de crisis, como los nuestros, la única manera de abrir caminos a la novedad creadora del reino de Dios es dar por terminado aquello que alimenta una religión caduca, pero no genera la vida que Dios quiere introducir en el mundo.

Dar por terminado algo vivido de manera sacra durante siglos no es fácil. No se hace condenando a quienes lo quieren conservar como eterno y absoluto. Se hace «llorando» pues los cambios exigidos por la conversión al reino de Dios hacen sufrir a muchos. Los profetas denuncian el pecado de la Iglesia llorando.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

El Consejo Pastoral de la Parroquia

El Consejo Parroquial de Pastoral es un grupo de cristianos, que, junto al sacerdote de la parroquia, expresan , actualizan y concretan los rasgos característicos de la Iglesia, Misterio de Unidad, Comunión y Misión.

Es expresión privilegiada del talante comunitario de la Fe de la Iglesia. Es ámbito de participación activa en las inquietudes y necesidades pastorales. Y signo de corresponsabilidad en la misión de evangelizar nuestra comunidad de San Ignacio.

En el C.P.P. deben estar representadas las distintas tareas pastorales y los diversos carismas eclesiales. Su cometido es estudiar, reflexionar y, por supuesto, rezar, las posibilidades reales de concretar, en el ámbito parroquial, las prioridades emanadas de la Iglesia Diocesana.Debe discernir, indicar y sugerir las líneas de actuación, proponiendo el camino a seguir.

El Consejo está formado por: el sacerdotes de la parroquia, un seglar representante de cada una de las acciones pastorales: cáritas, liturgia, catequesis de niños, jóvenes y adultos, movimientos apostólicos, pastoral educativa,cofradías, economía

Su función particular es ser órgano de expresión, de consulta, de estudio, de exposición de necesidades, y de concreciones, que permita establecer propuestas y acuerdos de acción pastoral conjuntada.

Para su puesta en marcha, desarrollo y buen funcionamiento es necesario alimentar actitudes de apertura, aceptación, respeto mutuo, escucha, responsabilidad, participación, en definitiva, caridad fraterna entre todos sus miembros; animados y fortalecidos en el espíritu de oración.